DISCURSO 40 AÑOS
SS.CC. PADRES FRANCESES
PROMOCION 1969
Queridos Amigos:
Nunca pensé que iba a tener que dirigir unas modestas palabras ante mis queridos compañeros de curso. Pido disculpas a cada uno por cuanto la emoción puede atentar en contra de la dicción. Especialmente después de haber cantado juntos, acompañados por los Bronces Filarmónicos los himnos de Chile y Francia.
Me parece estar oyendo a Jaime Blume diciendo en la Academia Literaria que los discursos deben ser breves, concisos, precisos y elegantes ¡Qué difícil!
Trataré de esbozar algunas anécdotas y lo que ha sido nuestra generación, sin tener mérito para ello.
Pues parece que fue ayer que Pablo Rossetti recitaba en clases de castellano a petición de don Luis Ordenes aquel verso de Calderón de la Barca
¡Que es la vida! Un frenesí
¡Que es la vida! Una ilusión
Una sombra, una ficción,
el mayor bien es pequeño
que toda la vida es sueño
y lo sueños, sueños son
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Nuestra generación ocupa el espacio que va desde el año 1958 a 1969, año que el colegio cumplía 120 años desde su creación. En aquella época era una institución de peso en el que hacer nacional.
Para entender a esta generación –muy difícil– y para entendernos a nosotros mismos sin ponernos muy grave, debo recordar que nos tocó vivir la época de mayores cambios culturales, sociales y políticos que tal vez haya existido jamás. La famosa década del 60 nos golpea de lleno. Esto afectó a nosotros mismos pero también, y hay que reconocerlo, a todas las instituciones del país, a nuestro querido colegio y por cierto a la congregación que lo regía.
Puede que esta celebración y lo que aquí pueda contar recuerde hechos jocosos, alegres, pero también legítimamente hay que notar que más de alguno podrá recordar que no lo pasó bien en alguna u otra circunstancia. A todos nos pasó.
Es por ello, que un ánimo de respeto mutuo, celebremos lo que haya que celebrar y también reconozcamos que pudimos haber molestado a más de algún compañero con nuestras actuaciones por lo que le debemos por lo menos una explicación. “Hic deletur omne disenso” – Aquí terminan todas las diferencias. Estamos en casa. Estimé pertinente hacer esta salvedad resaltando el ánimo distendido y de amistad que hoy nos une.
Hecha esta salvedad y volviendo a aquello que la vida es sueño y los sueños, sueños son, los invito a que nos traslademos por lo menos espiritualmente al año 1958 cuando partía nuestra curso en lo que aquella época se llamaba el kindergarten de los Padres Franceses. Quedaba en el medio de la quinta.
Primera A, profesora jefa, Amandita Irarrázaval Tezanos Pinto. Gran señora. Parece que la veo con gran distinción, con su delantal azul de lunares. Era para muchos el sustituto de una mamá que costaba dejar.
A su lado la Primera B estaba la belleza del lugar, ya se ha dicho todo por los mails, Monique Hott. Rubia y angelical. Tenía prendado a la mitad del colegio, de hecho se casó con un ex alumno según pude comprobar después.
Puedo decir que continúa estupenda a pesar de aquello que la “bellezza e como un fiore”.
En segunda preparatoria, y voy a ser breve porque no voy a ir curso por curso, estaba Arlette Jonard que era hija de la madame Dubois y que nos enseñó las primeras frases en francés y a ponernos de pie cuando entraba un sacerdote en el aula exclamando “bonjour mon père” en el recreo junto con la profesora de la sección B que era Maggie Lassere de Simián nos llevaban a ver los conejos y aves de la jaula que había en la quinta. Dicen que en la época mostraba con orgullo a Pablo Rossetti que acababa de llegar a Chile desde París donde su padre había sido diplomático y que chapurreaba en un magnífico francés.
Todo el ambiente en la quinta era como el paraíso terrenal, paraíso perdido al fin (describir la quinta).
Entramos en tercera preparatoria y ahí nos recibió Elena Rojas en la sección B, tercero B, y María Neuman.
Elena Rojas era muy encantadora y también nos hacía profundizar en el idioma francés. Recuerdo, para ir al baño, y esa época el colegio posaba de bilingüe o trataba, había que pedir permiso en francés y decir “est que je peu aller aux cabinet”.
A su lado en la sección A estaba la vieja María, María Neuman, tendría poco menos de 30 pero era famosa por sus coscachos de manera que era llamada también “Miss Rambaldi” en honor a un célebre boxeador argentino.
Aquí ya aparecía, y requerirá un homenaje especial, como profesores de gimnasia don Hernán Fuentes y otro de apellido Lobos. Don Hernán nos acompañó hasta el final, hasta sexto año de humanidades, sobre él se podrán decir todas las anécdotas que quieran, partiendo desde su Ford Coupe del año 39 lleno de niñas de la Maissonett yendo al entrenamiento del Stade Francés. Aquella frase de “saco de perno” y otras por el estilo quedarán marcadas para siempre en nuestra vida y especialmente en los que éramos un poco porros en la asignatura.
Don Hernán había llegado a ser Mayor en el glorioso Ejército de Chile y además era campeón de pentatlón militar. Hasta final nos impresión con su capacidad para hacer flexiones con una sola mano. Imbatible.
En cuarta preparatoria aparece un notable personaje: don José Vergara.
En aquella época solterón, aunque se decía y creo que puede haber sido cierto, que le hacía los puntos a la Elena Rojas. Lo recuerdo con los zapatos brillantes como espejo y perfectamente engominado con un los bigotitos perfectos. Se le llamaba “Catrutro” aunque no le pegaba a nadie, o por lo menos yo no recuerdo, pero era bien exigente y nos metía ya en la disciplina de los mayores.
Quinta preparatoria y aparece otro personaje de antología. Ignacio Villaseca.
Le decíamos padre, pero no lo era; era sólo hermano.
Usaba aquella vieja túnica blanca o sotana de nuestra congregación del SSCC bordados sobre el pecho que mucho de ustedes no conocieron, pero era el uniforme de los sacerdotes en aquella época. En verano era blanca y, según me confesó alguno, era excelente porque era fresquito. Ignacio tenía una notable capacidad para contarnos historias del antiguo testamento como si fuera una telenovela y además nos inculcó con excelente voz un gusto por los salmos que nos enseñaba con la música de un sacerdote en la época de nombre Gellinau, Joseph Gellinau. Uno de los aquí presente me ha señalado que hasta el día de hoy se acuerda de Ignacio en los momentos difíciles de la vida recitando aquellos salmos con la entonación que ponía el hermano Ignacio.
En la época también hacía clases el señor Murillo, de castellano. Señor con una nariz más bien pronunciada y sombrero calañé. Hacía leer hasta el cansancio la vida de Cristóbal Colón y el descubrimiento de América. Bueno para los coscachos, pero buena persona.
Frase favorita: “Esta prueba va directo al Ministerio”.
En matemáticas estaba don Hegberto Valencia. Llegaba a clases con un ritmo de llaves que parecía una marcha. Le gustaba componer marchas y pertenecía al cuerpo de bomberos. Su rasgo característico era que hacía una colecta anual en pro de los niños pobres de Malloa, donde veneraban a San Judas Tadeo. Estos niños pobres de Malloa se transformaron en un mito, pues para poder tener buenas notas dicen que era mejor llevar un poquito de ropa.
En aquella época la atención espiritual estaba a cargo del padre César Rodríguez que era el más popular con sus instituciones, Los Tarcisos, que usaban una medalla roja y Los Monaguillos. Las reuniones se hacían en las llamadas Catacumbas del padre César, que eran en unas oficinas abandonadas hacia la calle Almirante Latorre, con galletas. Respecto a Los Monaguillos ustedes habrán podido ver una fantástica fotografía en la que aparecemos todos como santos, incluido el Pin Morandé.
La popularidad de César Rodríguez era compartida con la de dos Fernando. Fernando de la Cuadra quien también tenía a su cargo una institución denominada Los Legionarios. Se hicieron célebres paseos de esta notable institución que en entre otras cosas se juntaba en la mañana muy de madrugada para hacer adoración al Santísimo como lo hacían también los sacerdotes de la congregación, día y noche, pero en este caso sin capa roja.
La popularidad de Fernando era compartida con otro Fernando, el padre Fernando Vallejos, pero éste debía ocuparse más de las obras de la escuela de los SSCC, vulgarmente llamada “el patronato”. El padre Fernando nacido el año 1916 y ordenado el año 1939 nos acompaña en esta gloriosa ocasión.
También eran muy respetados el padre Damián Symon, quien era un baluarte de la congregación en todo sentido, el padre Alfonso Montalva y su institución “La Santa Infancia” y el Obispo Monseñor Eugenín.
En sexta preparatoria conocimos a otros notables sacerdotes, pero debo confesar que en medio de un caos. Lo que ocurrió que por alguna razón el cargo de profesor jefe de ambas secciones quedó vacante, no pudiendo El Reyecito, padre Antonio Frez, Ministro de Preparatorias, encontrar quien ocupara del cargo. Buena voluntad había y partió primero Gregorio Sánchez, sacerdote con múltiples ideas al que le gustaba los aeroplanos y que hoy nos acompaña, incluso fabricó uno. También se desempeñaba de Capellán en diversas partes. Nos dio las primeras nociones de sexología que según Federico Pecceto eran tan confusas y enredadas que muchos con la santa inocencia de la edad entendieron que los espermatozoides eran como las pulgas y los piojos que saltaban sobre la esposa.
A mitad de año, Gregorio tuvo que irse a otras ocupaciones y quedamos bastante botados. Aparecieron a sustituir, pero sólo en algunos momentos, nuestro querido padre Horacio que actualmente nos acompaña y nos hacía clases de historia, también Alejandro Bravo. Pero nada a firme y absolutamente de buena voluntad. Al final aparece otro personaje, Martín Le Corre, creo que era originario de Nimes o de Arlés y tenía una terrible “R” francesa. Nosotros le habíamos apodado Martín Le Corre la gota grruesa. Se hizo un lugar y gran cariño en el curso.
Y aquí voy a contar un hecho del cual nos hemos acordado algunos. El último día de clases de sexta preparatoria llegó el rumor, lo cual era cierto, que los de sexto año había secuestrado al rector, en esa época Javier Padro, y a Galvarino Peña. De hecho, había todo tipo de carreras en el segundo piso. Nosotros acabábamos de darle una gran manifestación con galletas en el comedor al padre Martín Le Corre, incluso le entregamos una bandeja de cobre que mandamos a hacer con Joaco Baeza en honor de Martin que nos trató de disculpar. Por el espíritu de indisciplina total que había, se les ocurrió a algunos avisados que había que hacer lo mismo que los sextos años, pero nosotros en sexta preparatoria. Y lo más práctico fue proceder a destruir absolutamente las salas de clases, partiendo por el diario mural que quedó hecho puré. Cuento corto, todos para la casa a buscar a los apoderados y claro quien apareció de alguna manera como responsable de todo esto, porque la manifestación era en su honor, fue el pobre Martín que nos trató de disculpar. Si en alguna parte nos oyes o sabes de esto Martín, por favor muchas gracias por todo porque nos ahorraste un mal rato que pudo ser peor.
En aquella época tuvimos la oportunidad de conocer las mejores piernas del colegio, Miss Argentina Gómez. Nos enseñó inglés. Pecceto, nos mandó decir: “fueron las primeras piernas femeninas que miré con turbamiento y que las soñé mientras que con el tifus tuve un episodio de 40 grados de fiebre y prácticamente deliraba”.
Sin más comentarios.
Profesora de francés era Madame Louise Dubois de Jonard: Nos enseñó con gran cariño la lengua francesa introduciéndonos en el refinado mundo francés. Sus clases sobre las estaciones Pourquoi dit on que c’est l’automne eran famosas. Su padre era el diseñador del Parque Forestal. Con nostalgia me acuerdo de ella y le agradezco. Inolvidable Madame.
El otro profesor de inglés, pero que lo topamos más adelante, era don René Bravo. Había sido entrenador y estratega del equipo de la Universidad de Chile y era un gran arquero. A parte de eso recuerdo una voz de pito similar a la de un árbitro.
Contemporáneos de la época era el señor Muñoz, alias Cochón Muñoz, profesor de francés. Volumen y barriga prominente, era un español de pura cepa que había combatido en España, y aquí difiero de algunos, yo creo que había combatido en lado franquista o carlista y no republicano. Hablaba 7 idiomas entre otros ruso. Yo no creo que haya sido el lado republicano porque me tenía muy buena barra a mí, que como ustedes saben no soy muy republicano. Cantaba a voz en cuello con magnífica voz “Aluette gentille aluette”.
[Aquí los Bronces Filarmónicos tocaron este tema musical]
Quien llegaba tarde debía entendérsela con el señor Ordóñez, alias Potán. Originalmente daba clases de caligrafía y era ecuatoriano. La consigna era mañana a los 8, mañana a las 8…
Y el que no llegaba por tres veces seguidas a las 8, como castigo, vuelta a la casa.
Clases de castellano estuvieron durante buena parte de nuestro existencia a cargo del señor don Luis Ordenes. De joven había viajado mucho por España y había conservado un gran amor por la cultura de la madre patria. De hecho nos inculcó lo poco que sabemos de cultura clásica, de literatura clásica junto con Jaime Blume.
Recuerdo su voz en falsete, su modo increíble de pronunciar las palabras sus agudos, con la voz recorrían todas las notas del pentagrama y cuando se enfadaba les gritaba “vete para afuera con paso de polca o te daré un patadón donde la espalda cambia de nombre”.
Usaba palabras obsoletas y culteranismos no apropiados para nosotros pobres ignorantes. Y acentuaba las palabras de una manera rarísima.
Cuando caminaba, se movía como un barco en el mar agitado y el último recuerdo que tengo que ya era bien canoso y de repente apareció con los cabellos negros azabache.
He dejado deliberadamente atrás y lo quiero poner en estos cursos la mención de un notable profesor y que desgraciadamente no pudo asistir, Humberto Zacarelli. Humberto partió con nosotros en cuarta preparatoria y llegó hasta humanidades. No recuerdo bien el curso en que dejó de hacernos clases. Por esa misma razón nos conocía a todos desde niños. En sus clases de artes plásticas no creo que haya logrado desasnarnos mucho. El asunto Tema Libre “era un sufrimiento para mucha gente”. Si recuerdo es que logró introducir en nosotros una sensibilidad artística como nadie lo había hecho. De hecho debo confesar que cada vez que entro a algún museo me recuerdo de Humberto Zacarelli.
En historia del arte, sus clases sobre el movimiento romántico hacía llorar y lloraba él también.
Gracias Humberto porque te podríamos decir que fuiste un verdadero maestro incluso en el sentido escolástico de la palabra.
En segundo y cuarto año de humanidades tuvimos a Claudio Vogel, más conocido como “flato”. Sus lecciones de químicas eran famosas, aunque era bastante desordenado en las explicaciones y me daba la impresión a mi de que me estaba pasando algo que no me iba a servir mucho en la vida. También tenía una cierta derivación por la sexología.
Gran amigo, que también aquí nos acompaña José Vila, nuestro querido profesor jefe de tercer año de humanidades y recuerdo que además jefe del primer ciclo de humanidades. Célebre su cuadernito sobre los verbos regulares e irregulares en la lengua inglesa. Célebre además por ser un gran tenista y cuando cometíamos alguna tontería te llamaba con tu apellido precedido de la palabra de “astuto”.
Otro gran profesor, don Hernán Santis Arenas. Lo recuerdo en clases de historia en aquella época tenía una barriga algo prominente y las manos cruzadas mientras nos trataba de inculcar algo. En alguna época fue ministro de humanidades y entonces tenía el privilegio compartido con el Santo Padre en Roma de hablar de él mismo en tercera persona. El señor Ministro opina que… tal cosa.
El señor Riquelme. Algunos le decían el chancho Riquelme. Fue nuestro profesor de matemáticas por muchos años y era una persona de buen sentido. El buen sentido se reflejaba en que no todos somos llevados por las matemáticas y de gran bonhomía. También hacía clases de física y trataba de hacer entrar los conceptos aún en las mentes de los más letrados.
Don Víctor Moraga, gran profesor de biología y química. Explicaba la biología con pasión y entusiasmaba a muchos de nosotros. A mí un poquito menos. Tenía gran bondad y en materias de química era infinitamente más claro que nuestro recordado Claudio Vogel.
Don Alejandro González, también profesor de matemáticas. Usaba unos delantales extraordinarios para la época comprados en la fábrica de Julín Serra. Llamado el Rey de los Delantales. También le decían el manisero por el delantal que con bastante sobriedad usaba lo cual era muy lógico de hacerlo. En aquella época las pizarras, no sé si ahora, eran con tiza. Enseñaba matemáticas y física.
No puedo dejar de mencionar, pues los tengo al frente a los dueños de la portería: Luis Ramos y Sergio Pino. ¿Cuántos favores les debemos? Tampoco a Enrique Maldonado, Secretario del Colegio por 55 años. A Jorge Fernández, profesor de Biología que consiguió ante una comisión examinadora que todo el curso tuviera al menos una pregunta buena asegurada con las partes del intestino grueso. “El ciego de Colón se metió recto en el Ano”.
Jaime Blume. Recuerdo sus maravillosas clases de literatura y como declamaba el Cid campeador. Nos enseñó a amar a los clásicos españoles y la buena literatura e influyó mucho en nuestra formación cultural y en nuestros gustos literarios. Además tuvo la dicha o desdicha de ser rector el año de nuestra promoción.
Estoy dejando para el final a Galvarino Peña, queridísimo profesor de filosofía y jefe de curso en sexto año de humanidades. Formador de juventudes tuvo una relación de amistad con mucho de nosotros, siempre vivió en la calle Libertad donde al final murió, entiendo el año pasado. Lamento no haberlo asistido al final.
En una época incluso sintió vocación sacerdotal y se fue a los Perales y alcanzó andar de clergman pero no se sintió apto para dar el gran paso definitivo. Hoy nos mira desde el más allá de los luceros con su mirada de hombre bueno y justo. Un homenaje y un gran cariño a don Galvarino.
Dejo para el final, los obispos Javier Prado y Gonzalo Duarte. Enorgullecen nuestra promoción. El primero fue rector y terminó siendo Obispo de Rancagua. Gonzalo en cambio, nuestro querido Gonzalo, fue jefe de curso en quinto de humanidades y nos enorgullece a todos, los que tuvimos el privilegio y el honor de poder decir que fuimos sus alumnos y en una de estas llega a Cardenal Arzobispo de Santiago. Alguna vez confesó que este era el curso más difícil que había visto en su vida. Lo que pasa Gonzalo que tú estabas muy joven.
Que decir de Gerardo Joannon: Querido Gerardo, nos has acompañado finalmente desde tu ordenación en 1963, tanto en la buenas como en las malas. Te damos muchas gracias por ello, gracias por ser fiel a tu vocación, gracias por tu fidelidad al Evangelio, a la Iglesia Católica. Esperamos que nos sigas acompañando años más.
Claro que si llegas a mi funeral, por favor no subas a hablar a la viuda al altar.
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Podríamos seguir de manera infinita tardes y noche completas relatando todas nuestras andanzas en este lugar de la Alameda. Sólo me queda señalar una inquietud que ha surgido en la Comisión Organizadora y en muchos otros de los que nos acompañan. Esta dispersa generación del 69 con todos sus problemas ¿Qué ha hecho? ¿Qué hemos hecho?
Hemos visto un gran entusiasmo y adhesión a esta celebración. Si me permiten una confesión se detecta una necesidad que tenemos de comunicación, de recordar tiempos felices y a veces algunos no tanto, como decía al comienzo de ser más tolerantes de perdonar y ser perdonados.
Cuando ya estamos como jefes de familia en el verdadero sentido de la palabra, nuestros padres han muertos o están muy viejitos, cabe la pregunta ¿qué ha quedado?, ¿a dónde mirar?
Esto es válido tanto para nosotros como para el resto de la comunidad escolar –incluso sacerdotes– la respuesta está en volver al siempre vigente espíritu de los padres fundadores, de los que hacían adoración perpetua, incluso de noche con una capa roja. Franceses y Chilenos recios. Nuestro ejemplo.
Termino estas palabra con otra cita de un clásico español: San Juan de la Cruz
“En el atardecer de vuestras vidas seréis juzgados por el amor”. Que este sea el lema de lo que siga de esta reunión, que esta generación sea un ejemplo de ayuda mutua y de servicio, como lo hemos visto en estos días y que todos nos encontremos en el patio de arriba en un eterno recreo.
Un abrazo a todos.
Eduardo González Errázuriz