lunes, 12 de octubre de 2009

Reporte de Federico Pescetto G.

Santa Maria sopra Minerva
Altar Papal del Bernini





Carissimo Ferdinando :

Como se había hablado en el blog de mi ida a Roma para la canonización del Padre Damián y yo con el corazón y el espíritu me sentía un alma sola con todo nuestro viejo curso, fue con no poca emoción que abandoné la austera y taciturna Génova para bajar a la siempre tumultuosa y bulliciosa Ciudad Eterna.

SABADO 10 OCTUBRE:
En un magnífico atardecer romano dirigí mis pasos hacia la imponente Iglesia de "Santa Maria sopra Minerva" construida sobre el templo de la diosa pagana Minerva,para participar en la Vigilia de Oraciòn de los SSCC.


La antigua plaza y la iglesia estaban llenas de una multitud de sacerdotes con la alba túnica con los Sagrados Corazones estampados sobre el pecho y por algunos miles de fieles liga-dos a nuestra Congregación.

Se oían voces polacas, españolas, francesas, teutónicas y el gutural flamenco.

La ceremonia inició con un bellísimo canto polinesiano y se concluyó dos horas después con un estupendo Salve Regina Mater cantado en latín por miles de voces.

Pude platicar con el R.P.Pérez-Cotapos y con el Rector del colegio de Manquehue. Desde lejos se divisaba la inconfundible figura de Monseñor Javier Prado que tanto contribuyó a mi formación y que se fue antes del final pues dicen estaba muy cansado y yo no pude abrime paso entre la multitud para saludarlo y agradecerle por las muchas cosas que me donara en el tiempo pasado.

Muy emotivo fue mi encuentro con Monseñor Gonzalo Duarte. A la salida del templo, yo me puse cerca de la puerta, y entre miles de participantes él me fijó en los ojos al pasar, sin que yo hubiera dicho nada o hecho algo para hacerme reconocer exclamó: "Pescetto Gandolfo" "son 40 años que no te veo" "he leido el blog de tu curso" - Nos estrechamos con vigor las manos y afloraron a mis labios palabras precipitosas y muy personales que surgieron desde el fondo de mi corazón. Luego la muchedumbre nos separó...

Salí al aire libre mientras la luna romana iluminaba de blanca luz el cercano Panteón donde duermen su sueño profundo los dioses de la Vieja Roma vencidos por la fuerza de la Cruz y miraba las miles de personas unidas por los SS.CC. y el Padre Damián y que se sentían un solo espíritu en esa noche mágica...

DOMINGO 11 OCTUBRE:
Mientras en la Plaza de San Pedro se atiborraban casi 100.000 personas venidas para las varias canonizaciones, pude entrar a la Basílica con los tickets que gentilmente me ofreciera el Padre Postulador A.Bell.

Dentro al templo donde habrían 9.000 personas encontrè un buen lugar junto al lado lateral derecho del Altar Papal del Bernini, 7 u 8 filas detràs del acreditado Cuerpo Diplomàtico y los ilustres visitadores como el Primer Ministro de Francia y el rey de Bèlgica y su esposa la reina, la italiana Paola Ruffo di Calabria.

En fondo a la Basilica divisé al pasar un grupo de cuatro huasos chilenos que lucían con orgullo una bandera chilena...

Luego entraron la Guardias Suiza y las filas de cardenales, obispos y presbíteros y la blanca figura del Pontífice que pronunció durante la ceremonia palabras de gran sabiduría y profundidad teológica en su perfecto italiano traicionado por la la cadencia alemana.

A mi lado tenía algunos sacerdotes franceses de los SS.CC. que me preguntaron muy amablemente muchas cosas sobre los Padres Franceses de Santiago,Valparaìso y Concepciòn...

Las tres horas y media de la ceremonia volaron increìblemente gracias a la magia de la espléndida milenaria liturgia latina y los hermosísimos cantos de las voces de la "Cappella Papale".

Se respiraba un profundo misticismo y fue una experiencia irrepetible. Luego la Iglesia y la plaza se fueron lentamente vaciando y entonces me sentí improvisamente completamente solo en medio a la multitud anònima.

Solo delante a Dios, perdido entre los recuerdos de lo que los SS.CC. representaron para mí, solo frente a mi patria lejana y perdida para siempre.
Solo delante a mi mismo. El tiempo me pareció no existiera màs....Y repetí
para mi solo las palabras :"Un solo corazòn y un solo curso" frente a Damián de Molokai.


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Con esto termina mi participaciòn epistolar para la reunión de los 40 años de nuestra promoción 1969 y su apéndice de la canonización del Padre Damián.

Terminado el tiempo de las palabras llega el tiempo del silencio como nos recuerdan las escrituras: Cada cosa humana tiene su tiempo preciso.

Y así todo se concluye y a pesar de la lejanía y el silencio queda la amistad sabiendo que como dice el poeta:
"Amigo es con quien puedes estar en silencio" .

Quedo en espera del aniversario de los 50 años...

Adios-

Federico Pescetto.


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